Inteligencia Artificial vs. Experiencia: Tecnología al servicio de las personas

Recientemente tuve la gran oportunidad de acompañar a Silvia Florez a Kenia.  Silvia creó una fundación, Vipeika, dedicada principalmente a proyectos de escolarización y apoyo a la infancia en la zona norte de Kenia que se llama Turkana.  Os animo a leer en su página web (fundacionvipeika.org) sobre la fundación y el gran trabajo que están realizando.  También os animo a que, como hacemos desde Lauté Consulting, os animéis a apoyar esta gran labor que realizan Silvia, los misioneros que están allí y las personas que desde aquí apoyan estos proyectos de educación y alimentación para los niños.

Turkana

Estando en la misión de los padres Combonianos en Kakalel, por las noches mis compañeros de viaje (Silvia, Carolina, Paloma e Ibón) y dos de los misioneros nos sentábamos en el exterior para ver la increíble Vía Láctea. Era verdaderamente espectacular porque no hay contaminación lumínica y estábamos muy cerca del Ecuador de la tierra.  Una de estas noches uno de ellos nos contó una historia verdaderamente interesante y sorprendente.

Resulta que esta zona es muy fértil, lo que sucede es que el agua es subterránea y no se sabe dónde ni a qué profundidad está.  También sucede que hace una serie de años, se encontró petróleo en la cuenca de Lokichar, con una consiguiente concesión petrolera para su explotación. Para poder establecer un campamento y proceder a la extracción era necesario encontrar agua - y es aquí donde comencé esta reflexión sobre la tecnología.  La empresa petrolera estuvo buscando agua durante un tiempo prolongado (cada perforación puede costar unos 30.000US$) trabajando con una multinacional que aseguraba poder geolocalizar yacimientos de agua usando diversas tecnologías (entre ellas la AI). Tras muchos (entre 5 y 10) intentos fallidos, por fin hacen caso a las recomendaciones de un tipo de la zona y llaman a un misionero que también es zahorí.  Éste, con lo que él llama un “don” y sus conocimientos de 40 años, encuentra agua, les indica la profundidad y logran resolver su gran problema en poco tiempo y con sólo una perforación.

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A raíz de esta experiencia, me planteé una reflexión sobre la tecnología, que incluye la integración de la Inteligencia Artificial, en los procesos de reclutamiento. Cada vez más nos encontramos con empresas que prometen, a través de sus algoritmos, dar con el candidato ideal de un modo rápido, eficaz y a menor precio, pero ¿es esto realmente así?

Mi visión de esto es que la tecnología (en todo su gran rango de servicios) nos proporciona herramientas que nos ayudan a acometer nuestro trabajo.  Nos beneficia por su agilidad para procesar grandes cantidades de datos o para conseguir un mayor alcance, gestionar nuestra labor de una manera más eficaz y eficiente. Sin embargo, pienso que el factor “humano” es lo que aporta un añadido que puede ser invisible pero que es diferencial. 

En algunos casos se ha hablado del sesgo a la hora de reclutar (factores diversos como pueden ser estudios, género, nacionalidad, apariencia, edad, etc.) y, en el caso de Lauté, siempre buscamos que al menos 2 personas interaccionen con los candidatos precisamente para aportar una visión más amplia y ecuánime, además de evaluar a los candidatos por aspectos que inciden en su trabajo y no por factores que no aportan.

En cuanto a la Inteligencia Artificial, incluso como herramienta al servicio de las personas, consideramos que aún le queda un largo camino por recorrer ya que, al ser una creación de “alguien”, no se puede evitar que exista un sesgo en el punto de partida y, aunque trata de eliminar los prejuicios inherentes al ser humano, existen factores subyacentes provenientes de la base.

Amazon lo experimentó con un algoritmo que había sido “entrenado” con datos de los últimos diez años. Como había un mayor número de hombres blancos menores de 40 años, comenzó a discriminar involuntariamente a candidatos por razones de género, raza y edad… Razón por la que la compañía tuvo que intervenir inmediatamente.

Y este sesgo, ¿a qué se debe? Simplemente a que lo que la máquina hace es utilizar los datos e imitar los procesos de la persona que le ha enseñado, adoptando tanto sus fortalezas como sus áreas de mejora. No lo olvides, la base de la Inteligencia Artificial no es otra que la Humana.

Es verdad que se trata de una gran herramienta que nos aporta velocidad, amplitud de espectro y capacidad de análisis, pero no nos olvidemos de la otra parte de la ecuación que puede tener muchos nombres - “artesanía” “intuición”, “don”, “experiencia” …

¿Has tenido alguna experiencia con estas herramientas? ¿Cuál es tu opinión al respecto?  

Para terminar, me gustaría compartir algunos artículos que he encontrado interesantes sobre el uso de la inteligencia artificial como herramienta en diferentes entornos:

-        Jóvenes españoles crean una app que localiza el coronavirus en una radiografía de tórax

-        Los retos éticos de la inteligencia artificial